LA PROFE FÁTIMA DE BELMONTE Y EL VALOR DE LAS MATEMÁTICAS

 

VERDAD CON TINTA: JESÚS VARGAS VILLENA

 

 

Aquella casa ubicada en la esquina de las calles Abaroa y Junín, frente a la Tercera Orden Franciscana, es un sitio “clásico” para aquellos que pasaron apuros en el colegio o quienes estuvieron preparándose para alguna olimpiada.

Una de las parejas de educadores más destacadas de Tarija forjó su hogar ahí: el reconocido físico Javier Belmonte y su esposa, la matemática Fátima Torrejón Gallardo, quien es más conocida por el apellido de su marido.

Javier falleció el año 2004, dejando un fuerte legado a la educación en el país.

Fátima ya se jubiló del Magisterio, pero sigue dando clases particularmente en su casa, donde asisten cientos de estudiantes entre colegiales y universitarios, además que es directiva del Centro Boliviano Americano (CBA), del que formó parte desde su fundación.

Las hojas con los horarios pegados a las ventanas, las mesas con los cuadernos en fila, las sillas ocupadas por estudiantes y al fondo los libros, estando siempre presente el infaltable Álgebra del Baldor que resalta entre los estantes.

Si bien el ambiente cambió de lugar, el espacio sigue siendo el mismo; parece no cambiar con en el tiempo.

“Hay alumnos que ahora me traen a sus nietos para que les ayude”, dice sonriente al ser testigo de diferentes generaciones que pasaron miles de anécdotas al interior de esos salones de piedra y adobe.

La profe

Fátima Torrejón Gallardo inició sus estudios en el colegio Santa Ana, recuerda que su amor por las matemáticas surge desde su niñez. “Pegaba en la pared una hoja y empezaba a poner números por todas partes”, cuenta al pausar un poco más la voz para retornar a esos tiempos de antaño, donde entremezclaba las corridas de niñas con esas primeras anotaciones.

Posteriormente estudió en Sucre, pero la enfermedad de su madre, hizo que se trasladara a La Paz, donde ingresó a la Escuela Normal Simón Bolívar.

Fue precisamente cuando estudiaba académicamente que conoció a su compañero de vida, Javier Belmonte. “Era mi catedrático”, dice con una clara sonrisa picaresca. La forma de enseñar y su inteligencia terminaron por conquistarla.

Se establecieron en Tarija, donde tuvieron su familia y de ahí empezó a trabajar en el Liceo Campero, luego en el colegio Manuel Belgrano, posteriormente por ocho años en la biblioteca Oscar Alfaro.

“Que lindos tiempos pasé ahí, era como en mi casa, con niños preguntando, a quienes uno los ayudaba”, recuerda, cuando en ese entonces era directora de Educación, Beatriz Ríos por su paso en la biblioteca Oscar Alfaro, que se encuentra en las instalaciones de la dirección departamental.

“Ahí aprendí física y química”, cuenta. Pasó por los colegios particulares La Salle y Felipe Palazón, además de capacitar en la Escuela Superior de Formación de Maestros Juan Misael Saracho en Canasmoro, de donde finalmente se jubiló.

“Es la carrera más linda del mundo”, finaliza la entrevistada, al decir que no hay detalle más lindo que el caminar por las calles de la ciudad y sentirse querida con los saludos de quienes fueron sus alumnos, convertidos ahora en profesionales.