UN PEQUEÑO TALLER EN BOLIVIA REPLICA A LOS PERSONAJES MÁS GRANDES DEL MUNDO

 

El patio de una casa, casi en la cima de una de las montañas que rodean La Paz, se ha convertido en un prodigioso taller donde se emula a muchos de los personajes de ficción más famosos del mundo, a través de un cuidadoso proceso artesanal a cargo del artista boliviano Ramiro Sirpa.

Cuando la demanda aumenta, el taller de Sirpa se extiende hasta la calle con figuras a medio hacer en fibra de vidrio como la de «Chucky, el muñeco diabólico», propia de una película de la década de 1990, una máscara de Iron Man tan grande como un automóvil o las representaciones del reciente film de terror «La monja».

Sirpa contó que su labor como artista se inició hace 16 años, cuando comenzó a repicar figuras de ficción o de grupos de rock clásicos que «no había en Bolivia», como parte de una afición personal, ya que al principio eran para él.

El artista recordó que las primeras imágenes que creó hace casi dos décadas fueron varios personajes de «La guerra de las galaxias» o de Eddie, el personaje característico del grupo de metal británico Iron Maiden, todo hecho de «manera artesanal», hasta que le comenzaron a pedir réplicas personalizadas.

El creador mencionó que su método de trabajo «es complejo», ya que pasa por hacer modelos en arcilla o plastilina de modelar, hacer el diseño exacto en escultura y vaciar el molde.

«Luego de eso hacemos el vaciado del original, luego a pulir y (finalmente) la caracterización del personaje», resaltó.

Uno de sus motivos de orgullo fue una representación de Hulk, de más de tres metros, con motivo del estreno de la película «Thor: Ragnarok» el año pasado, cuya figura a escala fue expuesta en uno de los mejores cines de la ciudad.

«(Hulk) era uno de los más complejos, porque seguíamos en el proceso de aprender (la técnica). Luchando y luchando salió, tardamos tres meses y medio», recordó Sirpa.

Justamente, las creaciones como aquella han hecho que su trabajo cobre protagonismo, que los canales de televisión locales le pidan entrevistas y cobre popularidad en las redes sociales.

Su trabajo ha sido valorado también por sus vecinos, quienes habitualmente lo visitan para preguntar sobre su obra y aprovechar para tomarse una fotografía con alguna de ellas, cuando está concluida.

Junto a él trabajan otras dos personas, son «amigos de la zona» y dependiendo de la cantidad de pedidos que tenga, incorpora a otros colaboradores bajo un ritmo de producción que se resiste a seguir patrones industriales.

«No trabajo en 3-D», señaló el autor, que consideró que la verdadera riqueza del arte está en el trabajo manual.

«Puedo apretar un botón, pero no me gusta. Ahí es donde muere todo lo que es el arte», señaló este artesano, que defendió que dar un salto técnico implica convertirse en empresario y dejar de ser artista.

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