«EMPECÉ VENDIENDO EMPANADAS CON UNA OLLA PRESTADA… HOY TENGO SEIS RESTAURANTES Y NINGUNO ES NI SERÁ DE MIS HIJOS HEREDEROS», AFIRMÓ DOÑA ELVIRA VARGAS
“No subestimes una empanada hecha con hambre… puede ser el comienzo de tu imperio.” Así resume doña Elvira Vargas, de 58 años, la historia que hoy inspira a miles en redes sociales y que comenzó con una olla prestada y medio kilo de carne.
Madre soltera, luchadora incansable y soñadora silenciosa, doña Elvira trabajó toda su vida para sacar adelante a sus tres hijos, a quienes logró convertir en profesionales. “Cada peso que ganaba era para ellos”, cuenta. Sin embargo, cuando la pensión no le alcanzaba ni para comida ni medicamentos, sus hijos —ya con familias, trabajos y títulos— no aparecieron. “Los vecinos se cansaban de prestarme, de fiarme, de cuidar a una vieja que no era ni su familia”, recuerda.
Fue entonces cuando, sin más que la necesidad y la receta de su abuela, comenzó a vender empanadas en la calle. “Una canasta prestada, una mesa prestada, una sombrilla vieja… y la esperanza”. Un joven cliente que probó una empanada le preguntó si volvería al día siguiente. Esa frase, dice Elvira, le salvó la vida.
Con el tiempo, las empanadas de “la abuela” se volvieron virales tras un video en TikTok grabado por una joven. La demanda creció, y con el apoyo de una vecina contadora, formalizó su emprendimiento y abrió su primer local. Así nació la marca “Doña Elvira Tradicional”. Hoy tiene seis restaurantes, distribuye empanadas congeladas y contrata exclusivamente a mujeres mayores, madres solteras y abuelas: mujeres como ella, que saben de lucha, sabor y silencio.
“No tengo rencor, son mis hijos… pero aprendí que a veces la familia no nace, se cocina”, expresó. Ante la propuesta de uno de sus hijos de invertir en su empresa, fue clara: “Aquí no se invierte con dinero, aquí se cocina con historia, amor y resiliencia”.
Con voz serena pero firme, doña Elvira concluye:
“Yo con mis hijos ya cumplí. Ahora mi misión es ayudar a otras mujeres mayores, a quienes sus familias abandonaron por no considerarlas necesarias.”
Una olla prestada, una receta heredada y una voluntad inquebrantable fueron suficientes para levantar un imperio de empanadas que hoy no solo alimenta, sino también dignifica.
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