BRISA: EL CASO QUE OBLIGÓ AL ESTADO BOLIVIANO A MIRARSE AL ESPEJO

Por: Horacio Rivero Guerrero

Una lucha que aún continúa y que refleja la realidad de un continente

LA HISTORIA TEMPRANA DE UN ABUSO

Son las 7:00 pm y Brisa baja rápidamente las gradas del hall de un hotel en la ciudad de La Paz, luego de una reunión con activistas de Bolivia. Su mirada fija y decidida muestra la convicción de una mujer que ha librado mil batallas, pero que sabe que su causa es la de miles de mujeres y jóvenes, no solo en Bolivia, sino en el continente entero.

Sentada, con sus manos entrelazadas, empieza a describir trazos de su infancia en Bolivia, donde conoció, por el trabajo de sus padres que se dedicaban al ámbito de la salud en el área rural, diferentes realidades del país. En sus propias palabras relata haber presenciado “muchísimo dolor, muchísima violencia doméstica, muchísima desnutrición” en las comunidades donde vivía. Esta etapa temprana de su formación la llevó a darse cuenta de que la experiencia de su vida podía sanar el sufrimiento de otras personas, involucrándose en grupos activistas, de educación y grupos comunitarios para poder ayudar a los demás.

En ese camino que empezó a transitar, donde sus sueños, sus anhelos y la convicción propia de la juventud empezaban a eclosionar, sucede un hecho que habría de marcarla por el resto de su vida y que se convertiría en una causa de lucha.

Siendo aún adolescente y dentro del seno familiar, “llega un agresor sexual a su casa, un familiar, un adulto de la familia, y él comienza repetidamente a violarla y torturarla”. Este hecho, a pesar de desconcertarla y causarle malestar, no podía ser aún entendido a cabalidad, por las amenazas, los estigmas sociales, la manipulación de los adultos y una sociedad conservadora donde, en su propio entorno, se oyen voces como: “si tú rompes el silencio vas a destrozar la familia”. Ese doloroso camino desembocó en una profunda depresión que dio lugar a dos intentos de suicidio y automutilación por parte de Brisa.

A pesar de la situación de vulnerabilidad en la que se encontraba, Brisa relata, con un rostro evidentemente compungido, que absolutamente nadie, a excepción de sus padres, estaba dispuesto a creer en la historia de su abuso, citando a más de 40 tíos y tías, abuelos, primos y familiares cercanos que podrían haber sido un apoyo y un sustento; mas, por el contrario, halló en ellos una barrera y más amenazas. “Si yo rompía el silencio iba a empoderar a otras”, acota, haciendo referencia a que no era una realidad aislada en su entorno familiar.

Ante este dolor lacerante, la acción pronta de sus padres ayudó a que pudiera recibir terapia, donde entendió el impacto neurofisiológico del trauma. Esta terapia ayudó a Brisa a dejar de odiarse por cosas que no eran su culpa y a brindarle una nueva visión de poder ayudar a las personas que atravesaron una situación similar.

“EL SISTEMA JUDICIAL ESTÁ HECHO PARA PROTEGER A LOS AGRESORES Y NO A LAS VÍCTIMAS”

El caso de Brisa fue presentado ante el sistema judicial boliviano y, en una larga batalla jurídica, Brisa no pudo encontrar justicia, donde, en su percepción, fue parte de una re victimización, falta de diligencia en las actuaciones y sentencias contradictorias.

Ya entrando a la vida adulta, decide estudiar psicología experimental y derecho. Esto al darse cuenta de que, a pesar de las heridas emocionales que quedaron, aún la justicia no respondía a su llamado y al llamado de miles de mujeres que tenían en su historia un abuso.

Todos esos conocimientos y la frustrante situación de que no desearan llevar su caso juristas en Bolivia es lo que motiva a que pueda llevar su testimonio y su lucha ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Pasaron casi dos décadas.

Cuando el caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ya no era solo la historia de una joven como la de miles. Era la evidencia real de una falla estructural en el sistema judicial.

En 2022, el Caso Brisa De Angulo Lozada versus el estado boliviano tuvo un fallo contundente: el Estado boliviano había violado sus derechos. No investigó con la debida diligencia, no protegió a la víctima, permitió su re victimización y actuó bajo estereotipos de género.

El mensaje fue claro:

no basta con tener leyes si el sistema no sabe aplicarlas.

Para Brisa, la sentencia fue un reconocimiento, un precedente, tal vez el más importante de los últimos tiempos en materia de derechos humanos y lucha contra la violencia sexual en nuestro país. Pero también una confirmación dolorosa: la justicia llegó tarde.

Este hecho fue una conquista que, en su mirada y palabras, se sintetiza en que la valentía y la convicción son fructíferas: “Puedo dejar el mundo un poquito mejor de lo que lo encontré”, refiere con una sonrisa apacible.

Actualmente, el agresor de Brisa tiene sello rojo de la Interpol; según refiere, el mismo se encuentra radicando en Colombia con otra identidad y aún se espera el fallo de la justicia colombiana para poder lograr una sentencia efectiva contra el mismo, lo que deja entrever que esta lucha continúa y que las vulneraciones y fallas en el sistema no son ajenas a otros países del continente y claramente dejan vacíos que repercuten en la vida de las personas abusadas.

LAS CONTRADICCIONES Y RESULTADOS

A pesar de existir este precedente, Brisa De Angulo continúa luchando por cientos de personas a través de su fundación “Breeze of Hope”. Sin embargo, la justicia no responde aún de manera eficiente; solamente de los casos llevados por la fundación se puede cuantificar 2600 casos denunciados, de los cuales 860 casos han logrado obtener sentencia condenatoria ejecutoriada, lo cual muestra que es posible lograr cambios, pero que al mismo tiempo revela que Bolivia debe aún reforzar mucho más las medidas y procedimientos judiciales para alcanzar una tasa de eficiencia real y significativa para este sector tan vulnerable de personas que han sufrido abusos.

Las cifras son elocuentes:

1 de cada 3 niñas

1 de cada 5 niños antes de los 18 años

80% de las víctimas no saben que son víctimas de violencia sexual

Lo más preocupante es que estos abusos, en su mayoría, se dan en entornos familiares, ya que usualmente existe la creencia popularizada de que ocurren en otros contextos, cuando es una realidad palpable que se vive en Bolivia de manera silenciosa y bajo el apañamiento de muchas familias que prefieren el silencio con tal de cubrir las voces sociales y el miedo a la supuesta descomposición de sus hogares.

El Estado, hasta ahora, continúa brindando una mirada soslayada y las voces de inocentes aún siguen en las sombras de una telaraña jurídica que sigue tejiendo puentes de alivio y una bocanada de impunidad a muchos agresores por su lentitud en los procedimientos y su falta de eficacia.

Brisa mantiene la esperanza de que se pueden cambiar las cosas y está convencida también de que hay autoridades judiciales que sí están comprometidas con esta causa de brindar justicia oportuna, aunque no sean la totalidad como debiera ser.

UNA BRISA DE ESPERANZA, EL PRECEDENTE Y UNA ALTERNATIVA LEGISLATIVA

Hace unas semanas, la voluntad férrea de varias organizaciones activistas, incluida la fundación de Brisa, y la determinación de la parlamentaria Andrea Ballivian lograron la reposición de un proyecto de ley que podría permitir nuevos mecanismos jurídicos al Estado boliviano para lograr justicia efectiva en casos de violencia y abuso sexual.

Esta ley nace de la necesidad de encontrar respuestas claras, reales y oportunas, pero ante todo que eviten que otras mujeres, jóvenes y niños tengan que pasar por una situación como la de Brisa u otras víctimas de agresión sexual.

Entre los principales puntos, esta ley busca:

La imprescriptibilidad de los delitos.

Esto permitirá que los delitos sexuales contra menores no prescriban a pesar de los años y que, en algún momento, pueda existir una justicia efectiva.

La eliminación del delito de estupro                                                                                                      Con esta modificación el estupro pasaría a la figura jurídica de violación, donde cuya protección se ampliaría de menores de 14 años a adolescentes menores de 18 años.

Tipificación del  delito de  violación incestuosa de niño niña y adolescente como delito autónomo.

Actualmente esta figura jurídica está considerada solo como una agravante, con esta modificación se pretende efectivizar la sanción hacia el agresor.

Modifica el delito de violación y pone el consentimiento en las relaciones sexuales como eje central.

El consentimiento es esencial, ya que redefine la voluntad, el consentimiento libre, voluntario y expreso. No siendo exigibles los requisitos de intimidación, uso de la violencia física o psicológica los que pasan a ser parte de una gama más amplia de circunstancias coercitivas que anulan el consentimiento. Esto aplica a casos donde por ejemplo existen relaciones de poder entre abusador y victima. Es aplicable a mayores de 18 años.

Actualmente, esta iniciativa legislativa fue aprobada ya en Senado y se encuentra en análisis en la Cámara de Diputados. Su análisis también ha sido trasladado a sectores de la sociedad donde ha encontrado algunas aristas y cuestionamientos, sobre todo de un grupo reducido de organizaciones religiosas; a pesar de ello, el debate ha sido enriquecido por una pluralidad de opiniones y su aprobación se encuentra aún a la espera.

EL ESTADO, LAS LIMITACIONES Y UN DESTINO QUE SE ENCAMINA POR LA TRANSFORMACIÓN DE LA CONCIENCIA SOCIAL

Bolivia es uno de los países donde existen las mayores cifras de violencia y abuso sexual en la región, donde más del 63% son menores de edad, cerca del 95% de la totalidad de las víctimas son mujeres y donde anualmente se registran aproximadamente 10.000 casos al año de violencia sexual.

Estos datos reveladores son alarmantes y ponen en escena las debilidades de nuestro sistema.

A criterio de la diputada Ballivian, no solo se debe fortalecer al sistema con leyes efectivas, sino también dar una mirada al sistema judicial, donde el Estado destina muy pocos recursos para la administración de justicia en relación a países vecinos, siendo esto también una problemática muy grande y que debe ser atendida a la brevedad posible.

La población boliviana, ante esta realidad, ha tomado conciencia y parte activa. Son muchos los sectores vinculados al activismo, la propia población civil y diferentes colectivos que hoy brindan una nueva mirada a esta problemática, mismos que entienden que los cambios profundos y estructurales responden también a las acciones de la sociedad.

Entre las diferentes voces que son parte de este movimiento existe una certeza, que no es otra que Bolivia puede cambiar y avanzar, que de los contratiempos y situaciones adversas también pueden existir resultados positivos y que las luchas y consignas, cuando son justas y basadas en situaciones reales, pueden tener un impacto y efecto multiplicador.

Así como la herida de Brisa se convirtió en una bandera de libertad y de lucha, la voz de miles de bolivianos y bolivianas puede lograr días mejores y un devenir esperanzador para quienes aún se encuentran en ese camino de lograr justicia y la respuesta de un Estado que todavía debe recorrer profundas transformaciones para ser más cercano al dolor de quienes sufren, y que continúan buscando una BRISA DE ESPERANZA.

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