JUSTIFICATIVOS CUESTIONADOS TRAS LA TALA INDISCRIMINADA DE CIENTOS DE ÁRBOLES EN SAN LORENZO

En un contexto global marcado por la urgencia climática, la tala de más de un centenar de árboles en el Cementerio de San Lorenzo ha encendido una fuerte polémica que trasciende lo técnico y expone la fragilidad del compromiso ambiental en la gestión pública. El argumento oficial: los árboles estaban enfermos. La realidad: se actuó sin licencia ambiental, en un procedimiento que, para muchos, roza la ilegalidad ambiental.
El alcalde Asunción Ramos ha intentado justificar la medida señalando una supuesta evaluación técnica que determinó el deterioro de los ejemplares y el pedido de vecinos preocupados por su seguridad. Pero lo que más preocupa es lo que no se hizo: tramitar previamente la licencia ambiental obligatoria. El propio secretario de Obras, Jimmy Sánchez, reconoció que esta será gestionada después de la tala, algo que no solo genera dudas sobre la legalidad del procedimiento, sino también sobre el verdadero orden de prioridades de la administración.


El ingeniero Reiner Figueroa, director de Gestión Ambiental de la Gobernación, fue tajante: “No se tenía conocimiento ni documentación requerida para esta intervención”. Y no se trata de un simple formalismo: la normativa ambiental no es un obstáculo administrativo, es una garantía para que decisiones de alto impacto no terminen dejando heridas irreparables en el ecosistema urbano.


Las cifras también generan confusión. Mientras desde la municipalidad hablan de 111 árboles cortados, Figueroa sostiene que se contabilizaron al menos 165, un número que podría aumentar conforme se recopile más información. Tampoco hay claridad sobre el destino de los restos: funcionarios aseguran que la madera no servía, pero sugieren que los vecinos podrían haberla usado como leña. ¿Y el control sobre los residuos? ¿Y la trazabilidad de una intervención de esta magnitud?


Tras el enojo evidenciado en redes sociales, los vecinos de San Lorenzo afirman no solo pierde árboles, Pierde sombra, pierde barreras naturales contra el calor, pierde biodiversidad. Y lo más grave: pierde confianza en quienes deberían velar por el equilibrio entre desarrollo y sostenibilidad.
El municipio promete ahora embellecer la zona con plantas ornamentales, pero los ambientalistas se preguntan si ¿pueden unas pocas palmas o arbustos decorativos compensar el valor ecológico y paisajístico de árboles maduros que tardaron décadas en crecer? Además, que la reforestación no puede ser solo una promesa estética, debe ser un compromiso con especies nativas, con planes de mantenimiento.

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