BOLIVIA: LOS EMBARAZOS ADOLESCENTES DEJAN CADA DÍA 157 SUEÑOS INTERRUMPIDOS
En el país, cada día 157 niñas y jovencitas se enfrentan a la maternidad sin estar preparadas para cumplir este rol. Los embarazos adolescentes siguen truncando sueños, terminando con los estudios y obligando a las niñas a asumir obligaciones de adultos. En Bolivia, casi medio millón de chicas se enfrentaron a esta dura realidad en ocho años.
La Defensoría del Pueblo, en su informe Sueños Interrumpidos, revela datos del Ministerio de Salud que muestran que nuestro país registró 458.246 embarazos de niñas y adolescentes entre 2015 y 2023.
De estos, 28.408 (6,20%) son de niñas entre 10 y 14 años y 429.838 (93,80%) entre los 15 y 19 años. Esto significa que cada día se registran unos 157 de estos casos. Algunas son forzadas a enfrentar esta dura realidad, porque son víctimas de violación.
Los departamentos del eje central son los que concentran la mayoría de los casos. Santa Cruz tiene los mayores registros con 158.245 casos del total (36,52%), seguido por Cochabamba, con 79.082 (18,25%) y La Paz con 75.849 (17,50%).
Detrás de las estadísticas frías hay historias de niñas que deben lidiar con responsabilidades de adultos, lo que las obliga a dejar a un lado sus sueños e incluso a sus familias.
Es el caso de una adolescente que el 9 de febrero cumplió 14 años y, en vez de estar disfrutando del colegio, de los amigos y de la familia, está luchando para tener saludable a su hijo, que el pasado 2 de julio cumplió un año. Su pequeño debe superar un cuadro de desnutrición. Hace poco más de un mes tenía seis kilogramos y ha tenido que buscar ayuda para lograr que supere los siete.
“He tenido que aprender a preparar la papilla salada y otras formas nutritivas, y como vivo en un hogar de acogida para madres adolescentes, también me han enseñado a ser aseada y a mantener todo en su lugar”, dice.
Ella antes vivía con su familia en una comunidad que está en la ruta a Camiri, pero hace un año pasó una situación muy dolorosa que le cambió la vida y sabe muy bien qué es quedarse sin comer, pero sentirse llena de amor al saber que su hijo sí tiene para alimentarse.
“Nunca imaginé ser mamá tan pronto, primero quería mi profesión, después mi casa y luego recién mi familia. Pero se adelantaron las cosas”, señala.
Sus lágrimas corrieron por su mejilla mientras dijo: “fue una violación, pero decidí tenerlo porque alguien me dijo que él no tenía la culpa, pero igual voy a seguir estudiando, porque el próximo año me voy a meter a un centro de educación alternativa, donde voy acortar el tiempo. En el hogar me ayudan, somos siete adolescentes, porque en mi casa no había condiciones”, comenta.
Su agresor no está pagando por su delito. “Lo están buscando y yo estoy trabajando para superar todo esto y seguir adelante”, dice sin poder controlar sus lágrimas. Ella tiene cuatro hermanos que están con su padre. Su madre consiguió un trabajo y se da modos para alcanzarle algo, aunque no siempre puede hacerlo.
La Defensoría del Pueblo lamenta que muchas niñas y adolescentes terminen abandonando los estudios por esta causa. De acuerdo con datos del Ministerio de Educación, 284 escolares dejaron los estudios por cuestiones de embarazo o paternidad entre 2020 y 2021, y de estos, el 88% (251) son mujeres y el 12% (33) varones.
El 66% (165) de las niñas y adolescentes que no volvieron a la escuela son de provincias, y el 34% (86) de ciudades capitales. Los departamentos de Pando, Beni y Potosí son las regiones con mayor índice de deserción escolar de niñas y adolescentes por embarazo en provincias.
La investigación señala que el problema de los embarazos y matrimonios adolescentes debe ser abordado de manera interseccional, sobre todo si se analizan los factores que lo causan.
Estos truncan sueños y afectan los proyectos de vida, especialmente de las niñas y adolescentes del área rural que deben asumir a temprana edad roles y obligaciones para los que no están preparadas.
“Son despojadas de un desarrollo normal de sus infancias y adolescencias, donde en varios casos se pone en riesgo su vida y su salud, lo que genera una mayor probabilidad de que se conviertan en víctimas de violencia familiar, sexual, económica, de abandono escolar y precariedad laboral”, advierte la Defensoría del Pueblo.
EL DEBER
0 0







